27 de mayo de 2012

Cuando eras pequeño, ¿te gustaba dibujar?


Pues que yo recuerde, no había trozo de papel que estuviera a salvo de mis lápices. Todo estaba lleno de dibujos, pequeños círculos con patas y furiosos tachones llenaban agendas, periódicos, el papel de la pared, las facturas…
Mi juego favorito era que me dijeran un personaje. Yo lo dibujaba tendido el suelo mientras, con media sonrisa, sacaba la lengua concentrado hasta que me dieran el visto bueno. Así me tenían entretendido hasta la hora de la merienda. Pan con Nocilla.
Recuerdo que de pequeño cambié de colegio y dejé de dibujar. Supongo que los nuevos amigos, el nuevo barrio y el piso que recién habían comprado mis padres ─por fin una habitación para mí solo─ me separaron de los garabatos.
Después de dos años, un verano, pasé una semana con mis primos y uno de ellos me enseñó un dibujo. Eran los protagonistas de una serie animada que nos tenía enganchados por aquel entonces.
¿Tú has hecho esto? ─le pregunté a mi primo maravillado mientras fanfarroneaba.
Para mí era un logro impresionante que tus personajes favoritos hicieran lo que uno quisiera. Era como poder ver tus dibujos animados favoritos siempre que quisieras. Así que le rogué que hiciera ilustraciones pero con mis propias ideas, con trepidantes finales y monstruos galácticos... Mi pobre primo no vio la gracia de aquel juego, claro, no terminó ni el primer dibujo de una larga lista. Pero me consoló diciéndome que si le ponía ganas, trabajo y tiempo podría dibujar yo mismo todas las historias que quisiera…
Aún me sigo mordiendo la lengua cuando paso la tarde dibujando, esperando que alguien tenga preparado el bote de Nocilla. Es como si abriera una puerta sobre la hoja en blanco y entrara a otro lugar. Un imaginario lleno de personajes, aunque a veces no hacen lo que uno quiere.

Un abrazo, Almu.

24 de mayo de 2012

Liebster Blog Award




Muchas gracias Susana por acordarte de este rinconcito lleno de pelusas. Creo que todos conocemos el premio "Liebster Blog Award", una premio que se va multiplicando como un gremlin a la hora de la ducha, una bola de nieve que va reuniendo un entramado de blogs amigos que nos conectan a otros futuros amigos.


Naturalmente un honor que se acuerden de uno, ya lo decía mi abuelo "Que hablen de ti, bien o mal, pero que hablen". Así que me veo en la obligación (con lo peresoso que ando últimamente en la blogosfera) de echar un vistazo a los blogs que merecen este reconocimiento de mi parte, naturalmente los que ya no han sido seleccionados con tal honor , que ya es difícil entre tanto bueno (eso también lo decía mi abuelo "lo bueno abunda"). No me enrollo y dejo una normas para los elegidos y los nombres de mis aportes:

Normas que debes seguir si eres seleccionado y tienes el favor de perder unos minutos en ello:

1. Copiar el premio en el blog y enlazarlo al bloguer que te lo otorgó.

2. Señalar tus cinco blogs preferidos con menos de 200 seguidores y escribir comentarios en sus blogs para que conozcan que han recibido el premio.

3. Y, por último, esperar que continúen con la cadena y elijan a sus 5 blogs preferidos (entre ellos no debe estar el blog de la persona que te ha elegido)

Blogs seleccionados:

Nokelainen, una noble sonrisa en este tiempo gris que nos aprieta los cinturones.

Desde el Valle, un corazón tan grande que orbita alrededor de la tierra. Su único combustible, la poesía y las letras.

Chío Padilla, sorprendente artista que hace magia con su imaginación y cualquier cosa que tenga a mano. Magia de la de verdad.

Javier Fonseca, el gran escritor de la famosa detective, Clara Secret. No creo que necesite muchas presentaciones.

Alfred y Agatha, las trepidantes aventuras de estos dos genios. Escrito por la genial y siempre sonriente Ana Campoy.

Bueno, espero que llegue el premio pronto a casa. He escuchado por la blogosfera que te regalan un jamón y un aparatito de esos que le soplas y salen burbujas, genial. Un abrazo

Nido de cuervos


Cordelia, cuando llegué del orfanato, me preparó la habitación en la última planta. Al cerrar la puerta no pude evitar llorar de alegría. Aquella desconocida, mi nueva madre, había puesto todo su cariño en hacer de aquel caserón rodeado de campo mi nuevo hogar.
Creí que sería de desagradecido decirle la verdad: que la casa era un nido de cuervos. Que entraban y salían como si fueran los dueños del lugar, y nosotros sus invitados. Por las noches, se les escuchaba danzar y aletear dentro del tejado, entre las huesudas vigas que hacían eco de sus graznidos; pero lo más sorprendente era cuando repetían una y otra vez la misma frase. Me causaba terror escuchar palabras humanas entre sus chirriantes quejidos…
─¡Nunca digas! ¡Nunca digas! ─se les escuchaba graznar.
No podía ser descortés y reclamar a mi buena madre que me cambiara de habitación, después de tantos sacrificios.
Decidí intentar atraparlos, expulsarlos de allí, incluso envenenarlos; pero siempre se salían con la suya entre oxidadas risas de bisagra y sus «nunca digas».
Vino el invierno, la señora Cordelia, Mamá, aseguró que con el frío llegaría la tranquilidad; y así ocurrió. Con la primera nevada pude dormir de un tirón. Sin ruidos, sin cuervos, sin sus burlas. La nieve borró con su blanco manto los recuerdos de noches pasadas.
Días de frío frente al fuego del hogar, tazas de chocolate caliente y olor a encina quemada. Fui feliz con mi nueva familia.
Al poco tiempo, mi espíritu volvió a estar sereno. Sonreía a la mínima ocasión, volvía a ser aquel niño risueño que no sabía nada de orfanatos ni de soledad. Una bendición que hacía cicatrizar la muerte de mis padres.
Mamá  Cordelia hacía pasteles de canela y miel mientras escuchábamos la radio. El olor a leche hervida y puré de calabaza. Las canciones del viento en el cobertizo. La última visita del inspector tutelar… Mamá hablaba de lo importante que era para ella cuidar de mí, ella también había sido huérfana cuando niña. Sabía que un niño sin familia era como un huevo vacío, una cáscara que cada vez se cerraba más y más hasta quedar hueca. Mi cariño encontró un lugar para anidar y recibir.
Pasados unos meses, los cuervos eran ya parte de mi vida pasada, pero a veces volvían con mis pesadillas: sombras revoloteando el techo de la habitación que me hundían en un mar de plumas negras. Sabía que tendría que enfrentarme a mis miedos, tarde o temprano.
Pasó el invierno y llegó el primer indicio de su vuelta. Mamá preguntó por sus lentes, habían desaparecido igual que su cadena de oro, el broche de la abuela y el peine de nácar. Al derretirse la nieve del tejado se les escuchaba en el silencio de la noche. Volvían a espantar mis sueños.
─¡Nunca digas! ¡Nunca digas!─rezaban bajo el tejado. 

 Por la mañana, Mamá rogó que subiera al entretecho, que buscara sus gafas o podría tener un accidente. Yo sabía dónde estaba el nido de aquellos ladronzuelos, justo encima de mi habitación. No podía defraudarla, era la primera vez que podía demostrar lo agradecido que le estaba por darme un hogar. Así que aflojé el tablón del falso techo y trepé por la abertura.  No pude siquiera ponerme de cuclillas, aquel lugar era tan estrecho que solo los cuervos podían andar a sus anchas. Tuve que arrastrar el cuerpo entre polvorientas vigas, por un túnel que parecía el esqueleto de un barco volteado. Los rayos de sol se filtraban formando finas cortinas de luz que iluminaban el camino y transformaban las partículas de polvo en diminutas estrellas. Al fondo, cercano a la roca caliza de la chimenea, se encontraba el nido.
La vieja casa tenía pequeños túneles que circulaban entre las paredes y repartían el calor del hogar.
Como si estuviera delante de mí, podía escuchar a Cordelia preparando el almuerzo. La melodía de la radio, el cuchillo cortando zanahorias y el bullir del agua subían por los conductos haciendo temblar las telas de araña.
De repente, en un rincón hubo movimiento… No esperaba encontrar ningún cuervo, ya que los vi salir a la hora del desayuno, como siempre. Pero debido a mi postura, tumbado a lo largo, y a la poca altura de las tejas solo logré ver pasar una sombra entre la penumbra. La situación era de lo más incómoda, así que avancé lo más rápido que pude hacia mi destino, arrastrándome sobre mi estómago.
Cuando llegué al nido lo vi a rebosar de objetos brillantes. Además de los aludidos, había cuentas de vidrio, trozos de porcelana, y hasta un ojo de cristal que parecía sorprendido de verme; seguramente el recuerdo de algún antiguo inquilino.
  Pero lo más extraño fue la cantidad de cáscaras de huevo que había a su alrededor. Tenían pecas marrones sobre fondo de jade, parecían llevar generaciones amontonándose unas sobre otras formando dunas verdes. Aquello me desveló a los verdaderos dueños de la casa. Era extraño pensar que la  familia de cuervos tuviera raíces profundas, seguramente vivían allí desde siempre ─¿Quién era yo para invadir su casa?─. En ese momento, sentí una punzada en la pantorrilla que me devolvió a la claustrofóbica realidad.
Intenté volver siguiendo el rastro que había dejado en el polvo, aunque el miedo hizo que equivocara el camino y tuviera que volver atrás. De nuevo noté un movimiento muy cerca de los pies. Escuché golpecitos sobre las vigas, se acercaban en varias direcciones. Aterrado, pensando en que los cuervos podían estar ocultos tras la oscuridad… acechando,  comencé a gritar.
Nunca olvidaré esa sensación de terror, esa presión en el pecho como si tuviera una tenaza apretando mis costillas, las lágrimas calientes y el nudo en la garganta… Se hizo una eternidad, y eso que Mamá asegura que solo tardó dos segundos en subir. Fue como vivir una de mis pesadillas.
La luz de su lámpara espantó las sombras, y en su lugar una veintena de cuervos jóvenes rodeaban mi cuerpo encogido. Todos, como si la sola presencia de mamá Cordelia ejerciera de balanza, agacharon sus cabezas avergonzados por su travesura.
—Bien, hijos míos. Saludad a vuestro hermano —dijo antes de que comenzaran a graznar al unísono como una legión de demonios.
Mirase donde mirase, solo veía picos abiertos dándome la bienvenida mostrando sus lenguas azules. De entre todos los cuervos, vi a uno con la cuenca del ojo vacía que sentenciaba mi nuevo destino.
—Y recordad lo que debéis hacer cuando venga el siguiente miembro… —exclamó mamá.
—¡Nunca digas! ¡Nunca digas!—graznamos todos dibujando una sonrisa de orgullo en la cara de Mamá.

29 de abril de 2012

25 de abril de 2012

Aquí os dejo la ilustración de un cuento que me ronda la cabeza estos días. Cuando termine de pulirlo os enseñaré el resultado. Un saludo y perdón por el largo silencio de estos días.

16 de marzo de 2012

Rapuncel

Nos lanzamos de cabeza al concurso de Iratxe

12 de marzo de 2012

Impacto cero

Esta iniciativa expuesta por http://www.geniale.es/ convierte tu blog en un purificador de CO2 con la más natural de las acciones: plantando un árbol. Si deseas contribuir en vez de destruir, integrar y no desintegrar, purificar y no contaminar... no esperes más y únete. Click en la imagen para saber más
¿Que valor tiene ser “carbon neutral” ?

Es el sueño de la ecología y es el medio para eliminar el dióxido de carbono que se produce.
¿Cómo? ¡Plantando árboles en el mundo!
Reequilibra el CO2 producido por tu blog (o sitio): ¡Participa!
Planta un árbol de forma gratuita y convierte tu blog en “carbon neutral”
"Mi blog es de carbono neutral" es una iniciativa que tiene como objetivo el de anular las emisiones de dióxido de carbono. Nosotros, geniale,  plantaremos un árbol para anular la producción de dióxido de carbono que produce tu blog, de esa manera las emisiones quedarán anuladas por un tiempo correspondiente a 50 años!
¿Porque Geniale.es apoya esta iniciativa?
Nuestro trabajo es el de transformar los catálogos de papel en catálogos digitales, lo cual sirve para ahorrar papel y para acabar con la deforestación. El objetivo con este proyecto es el de plantar nuevos árboles.

PASOS:
Pincha en Sello dibujo arbol y vás a página, alli te dicen. Es gratis.
Tres pasos muy sencillos:
1) Escribe un post un tu blog sobre esta iniciativa hecha por Geniale.es, explicando porque tu blog o tu sitio son a impacto cero.
2) Elige el botón que prefieres entre los que están aquí debajo y añadelo en tu blog (ej. En la barra lateral).
3) Indicanos el enlace de tu post enviando un mail a co2neutral@geniale.es
4) Nosotros plantaremos un árbol a tu nombre, de esta manera, tu blog será un blog a impacto cero de dióxido de carbono.
¿Donde y cómo plantamos los árboles?
Geniale.es planta tu árbol junto a ti y en asociación con www.iplantatree.org. Una iniciativa alemana que encabeza algunas obras de repoblación forestal en distintas areas del planeta.
El proyecto al que estamos participando en este momento - y al que estás apuntado tu también con tu blog - se está realizando en Göritz y los árboles que estamos plantando son robles.

En Goritz, en Coswing (Saxony-Anhalt) se está llevando a cabo una iniciativa importante: se estan plantando 27,000 árboles en 3,4 acres. La zona está sujeta a la actividad forestal por primera vez y está en la carretera B107 a la derecha justo antes de llegar a la pequeña aldea de Göritz.
Para más informacion sobre el proyecto y la historia de las plantas visita http://www.iplantatree.org/project/7.